miércoles, 28 de octubre de 2015

Toda la vida al campo

Colombia es un país rural. Si bien lo urbano se ha extendido y ha empezado una especie de dominación, el campo, la agricultura y las labores relacionadas aún tienen una gran importancia en todo el territorio nacional. La ciudad y el campo han empezado a convivir juntos en algunas zonas, las grandes zonas verdes han empezado a desaparecer para darle espacio al cemento y, en general, no se respeta ni al campesino ni sus predios. 

Uno de los casos en donde se puede ver esta problemática es en el documental Toda la vida al campo, el cual narra la transición de Usme de zonas verdes, habitadas por campesinos, a la de una localidad más de Bogotá, llena de edificios y viviendas de interés social. Desde la perspectiva de los ancianos, el documental logra mostrar la importancia que tiene el campesino y cómo se ha visto disminuida su labor, además del cambio social que ha tenido Usme desde que pasó a ser una localidad de Bogotá.

Es interesante observar cómo muestran a estos ancianos narrando sus respectivas historias mientras realizan sus labores cotidianas, como ordeñar vacas o cuidar sus campos. Pero no sólo se limitan a contar sobre sus labores, también expresan las diferencias entre la sociedad de antes y la de hoy. Diferentes formas de actuar socialmente, de enamorar a alguien o de criar a sus hijos se imponían antes. 

La ciudad consumió el campo de Usme. Las viviendas de interés social que el gobierno destinó en esta localidad han llevado inseguridad y problemas a la localidad, según sus mismos habitantes. No se puede generalizar que todas las personas que llegaron a Usme han sido las causantes de los diversos males, pero a partir de que se empezaron a habitar estas casas, los robos y otros tipos de inseguridad se hicieron presentes en el lugar. 

El anciano campesino narra con orgullo su procedencia. Sus abuelos fueron campesinos, como también lo fueron sus padres. Así ya sea un ciudadano urbano más, siempre pertenecerá al campo. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Memorias de García Márquez

En Colombia no ha habido alguien más grande que Gabriel García Márquez. Único Nobel colombiano, fue uno de los escritores más reconocidos del siglo XX, y en general, de toda la historia de la Literatura. Ese realismo mágico característico de Gabo, como era conocido por la mayoría de personas, no era nada inventado. Todo lo había vivido, lo había visto o lo había oído, pero García Márquez tenía el poder que pocos tienen: narrar lo real desde la fantasía.

Nacido en Aracataca en 1927, varios personajes fueron importantes en la vida del escritor colombiano. Su mamá Luisa Santiaga, sus abuelos Nicolás y Tranquilina, sus amigos Plinio Apuleyo Mendoza y los miembros del grupo de Barranquilla, además de grandes influencias como William Faulkner, Juan Rulfo y Franz Kafka, fueron algunas de las personas que marcaron la pauta de quien sería el mayor escritor latinoamericano.

Es algo común entre los escritores tener un pseudónimo. En el caso de Gabo, y en sus inicios como cronista y periodista en el periódico colombiano El Heraldo, adopta el nombre de Septimus. De ahí en adelante, y ya desempeñando su carrera como escritor, dejaría de lado tales pseudónimos para convertirse en la figura que todos conocimos. No era Septimus, no era Gabrielito, ni siquiera Gabriel García Márquez. Su nombre a nivel mundial era uno solo: Gabo.

Quizás uno de los momentos más importantes en la vida de Gabo, y recordado por muchos, es el episodio que protagonizó junto a su entonces amigo y escritor también, Germán Vargas Llosa. El Palacio de Bellas Artes de México fue el escenario del conflicto que terminaría con una amistad que tenía unos años a cuestas. No se sabe con exactitud cuál fue el motivo que causó el disgusto entre ambos, pero cuando García Márquez se acercó a saludar al escritor peruano, éste le propinó un golpe certero al ojo, que dejó a Gabo con su ojo morado por varios días. Un ojo morado que hasta hoy no tiene explicación verídica.

Entre tantas personas y tantos momentos, Gabriel García Márquez se consolidó como lo que estaba destinado a ser: uno de los mejores de todos los tiempos. Sus obras podrían ser consideradas patrimonio histórico, tienen mucha importancia y han inspirado a otros grandes. Lo único cierto es que ese niño que salió de Aracataca con el realismo mágico en su cabeza lo plasmó, algunos años más tarde, en unas cuantas hojas de papel que estarán en la eternidad literaria.

sábado, 5 de septiembre de 2015

El fin de la pesadilla

La historia de Colombia está dividida en un antes y un después del narcotráfico. Si bien la violencia siempre ha estado presente, y desde los años 40 había una oleada de asesinatos debido a temas políticos, la década de los 80 estuvo marcada como la época más sangrienta en la historia del país. Pablo Escobar fue en su momento el hombre más buscado y temido del mundo. Sus acciones ilícitas, los secuestros y asesinatos que él y sus hombres perpetraron, terminaron brindándole un gran poder en Colombia. Pablo Escobar, el fin de una pesadilla, un documental realizado por RCN La Radio, pretende explicar cada uno de los hechos que realizó el narcotraficante más buscado del mundo, 20 años después de su muerte.

"Era el máximo símbolo del terror". Esta es la primera definición asociada al nombre de Pablo Escobar. Su organización, que contaba con cientos de sicarios y criminales, fue la responsable de las más de 5000 víctimas entre los años 80 y 90 en Colombia. La lista de asesinados incluye civiles, oficiales de la Policía Nacional, congresistas, jueces, ministros y candidatos a la presidencia. Son demasiadas las fechas de los actos terroristas que Escobar realizó en el país, pero a lo largo de este texto se tratarán algunas de las más importantes.

Quizás el inicio del odio de Escobar hacia la justicia y las leyes del país comenzó en 1982, cuando ingresó a la política como llegó al Congreso de la República como suplente. Allí, en un debate, el entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, lo acusó de crear el grupo Muerte A Secuestradores, un grupo paramilitar financiado por el narcotráfico. Estas declaraciones no cayeron para nada bien en el círculo de Escobar, quien renunció a su puesto político. El ministro Lara Bonilla era también un defensor acérrimo de la extradición para los narcotraficantes, por lo que se convirtió en un objetivo principal de Escobar. Y fue a partir de esto como, el 30 de abril de 1984, dos sicarios que se movilizaban en una moto asesinaron en Bogotá a Rodrigo Lara Bonilla. Como lo menciona el documental, a muy pocos les quedaron dudas sobre quién había sido el autor intelectual de la muerte de uno de los políticos más importantes del país.

John Jairo Velásquez, alias "Popeye", afirma que la falta de diálogo entre Escobar y el gobierno colombiano hubiera podido evitar muchas muertes. Lo que era claro es que los grandes jefes del narcotráfico en Colombia no estaban dispuestos a aceptar la ley de extradición en contra suya, por lo que harían todo lo necesario para garantizar que se derogara.

El 13 de enero de 1988, una bomba estalló en el Edificio Mónaco, lugar en el que estaba ubicado el apartamento de la familia de Pablo Escobar, por lo que empieza una guerra no sólo contra el Estado, también contra el segundo cartel más poderoso de droga en el país, el Cartel de Cali. A partir de esto los ataques terroristas de Escobar se intensificaron, y un hecho especial enlutó al país. El 18 de agosto de 1989, mientras asistía a un acto de campaña en el municipio de Soacha, el candidato presidencial Luis Carlos Galán fue baleado y asesinado, todo por órdenes de Escobar.

Muchos secuestros también generaron en el país un repudio general, como el de Francisco Santos, el de Andrés Pastrana, o el de la periodista Diana Turbay, asesinada en su propia operación de rescate. Pero no fueron solamente los secuestros los que tenían a la población temerosa. Los carros bomba que Escobar mandó detonar en diferentes puntos de Bogotá - Calle 15, Centro 93 y el edificio del DAS - dejaron claro un mensaje: el narcotráfico quería apoderarse del poder nacional.

Un error fatal, el 2 de diciembre de 1993, propició la derrota de Escobar frente al gobierno colombiano, después de más de una década de terrorismo. Una llamada desesperada que le realizó a su hijo, que se encontraba con los demás miembros de su familia en las Residencias Tequendama en Bogotá, fue interceptada por la Policía Nacional. Hasta la casa en la que Escobar se ocultaba llegaron miembros del Bloque de Búsqueda, que lograron interceptarlo y asesinarlo en un tejado.

Estos son los principales hechos que narra el documental, recordando una parte triste de la historia de Colombia, pero explicando los diferentes momentos en los que el narcotráfico llegó a ser, quizás, más poderoso que el mismo gobierno nacional.


domingo, 30 de agosto de 2015

Una construcción a partir de detalles

La construcción de memoria permite tener elementos generadores de sentimientos y de vivencias para cada persona. Realizar este relato mediante el documental puede generar una mayor sensibilidad, un mayor acercamiento entre el espectador y el tema, y sobre todo, un profundo conocimiento sobre lo que queremos dar a entender. A partir de dos documentales, Aquí se nace y Carlos Ramírez, voy a intentar explicar la forma en la que memoria y documental se enlazan y forman una alianza que es inquebrantable.

Un tema central debe ser el primer elemento para empezar a ejecutar el documental. Escogerlo adecuadamente es la pieza fundamental en el ejercicio de construir un buen producto. El personaje o personajes que intervienen en el documento deben mostrar, de la manera más oportuna, la problemática o los hechos que deseamos mostrar. Pero es la sensibilidad la que, a mi modo de ver, permite crear la alianza entre memoria y documental. Una reconstrucción de hechos, un relato de vivencias personales, y una perspectiva íntima del tema son esenciales en estos productos. El documental Aquí se nace es el ejemplo perfecto de lo dicho anteriormente. La historia del tío Álvaro, quien es el personaje principal de la historia, permite construir una memoria, un relato de alguien que ya no está vivo.

La tragedia natural que ocurrió en Armero el 13 de noviembre de 1985, cuando un mar de lava sepultó este pueblo, dejó más de 20 mil personas muertas. Álvaro fue uno de los fallecidos. La construcción de memoria que hace el documental no se centra totalmente en el desastre, más bien parece ser un homenaje póstumo que la familia le hace a su ser querido, veinte años después de su muerte. Hay detalles que pueden ser mínimos, pero que permiten describir facetas muy importantes de un personaje. En este caso, familiares y amigos son los que reconstruyen los hechos, las costumbres y las formas de actuar, reconstruyen al hombre, a Álvaro. Cómo era, cómo hablaba, la forma en la que fumaba, qué importancia tenía sobre la familia, entre muchos otros detalles, incluida su decisión de ir a Armero en la tarde de ese 13 de noviembre, son elementos recopilados que permiten construir la memoria en el documental.

Por otra parte, el documental Carlos Ramírez no muestra a una figura importante de la radio, a un locutor de una emisora o a un gran empresario, sino que muestra a un productor que es relevante con su bajo perfil. La construcción de memoria se da, al igual que en el anterior documental, a partir de las diferentes vivencias y hechos importantes en la vida de Carlos, además de testimonios de personas cercanas que compartieron labores con él. Cómo llegó a algunas emisoras, el contenido de las mismas, y sus posteriores estudios para terminar de apropiar el debido conocimiento, permitieron darle a conocer al público quién es Carlos Ramírez.

Es de esta forma, mediante detalles, imágenes, grabaciones y testimonios, mediante la cual el documental y la memoria histórica se juntan, se convierten en un complemento, en un enlace que, utilizado de la mejor forma, puede ofrecernos a los espectadores el mejor producto posible.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Las dos caras de Bogotá

La cita era a las 11 de la mañana en la entrada sur de la estación de TransMilenio de la Calle 45. Desde el primer vagón de esta concurrida estación abordaríamos el bus D20, un biarticulado que nos llevaría hasta nuestro destino, el Portal de Usme. Miré, en la parte de arriba de la puerta, el recorrido que realizaríamos hasta aquel lugar. En total eran ocho estaciones: Profamilia, Calle 26, Calle 19, Avenida Jiménez, Calle 40 Sur, Santa Lucía, Molinos, y, finalmente, el Portal Usme. Llegó el bus casi a las once y media de la mañana y pude empezar a ver las dos caras de Bogotá.

Es normal sentir inseguridad en los vehículos de servicio público de la ciudad, ya que todos los días vemos en los periódicos y en los noticieros casos de atracos a mano armada, y esto es un sentimiento que se ha apoderado de la mayoría de bogotanos. En el trayecto dentro del bus, camino a Usme, pude observar varias cosas que me llamaron mucho la atención. En primer lugar, pude notar cómo Bogotá se va volviendo más oscura a medida que nos adentrábamos en el sur de la ciudad. Si bien vemos de forma diaria un cielo gris, ese día, de manera particular, lo vi mucho más oscuro con el pasar de las cuadras. Algo que me llamó mucho la atención fueron las edificaciones y su estructura. Desde siempre me ha parecido que la ciudad cambia mucho desde la estación de Héroes hacia el norte, ya que se ve mucho más moderna, con edificios más altos, más nuevos. En este trayecto observé que las casas y los edificios eran viejos, en su mayoría de poca altura - como casi todo Bogotá - y con colores muy oscuros, como gris, negro y café. Pero volvamos al inicio del recorrido...

Al abordar el bus, me sorprendió ver la cantidad de gente que se subió en éste. El grupo de estudiantes que entramos al TransMilenio nos dividimos, quedando la mitad en el vagón delantero y la otra mitad - incluido yo - en el vagón del medio. En cada una de las paradas que realizaba el bus pude notar cómo iba cambiando la gente, su forma de vestir, sus actitudes, su forma de mirar, que era más fría de lo normal.

Como en todo transporte público colombiano, una persona se subió al bus para tratar de conseguir algo de dinero para el día. En este caso, un hombre que rapeaba amenizó - o no - el viaje de los pasajeros. Con ropas anchas, el sujeto se enfureció al no encontrar respuesta a su saludo por parte de una gran cantidad de los pasajeros que viajaban en el biarticulado. Después de este suceso, el joven empezó a cantar una de sus canciones, con la temática social destinada a la búsqueda de la paz en el país. Acto seguido, puso en su parlante un beat con el cual empezó a improvisar frases hacia cada uno de los pasajeros.

Debieron pasar unos cinco minutos desde que el rapero terminó su función cuando, en un abrir y cerrar de ojos, un policía pasó justo enfrente nuestro y dirigiéndose hacia la parte de atrás del bus. La curiosidad me invadió, por lo que observé que hablaba de forma alevosa con un hombre, al que agarró del cuello de su camiseta y lo condujo hasta una de las puertas de salida. Pude notar que el hombre estaba sangrando en su brazo izquierda, y al parecer era acusado de robo. Debo decir que tuve un poco de miedo al ver esto, pues nunca me había tocado presenciar tal situación tan cerca, y esta sensación se incrementaría cuando, al lado de la puerta en la que estábamos, un hombre dejó caer de su bolsillo un juego de navajas que guardó rápidamente para que nadie lo viera. Finalizando este confuso capítulo, el policía y el presunto ladrón se bajaron en la estación más cercana, en donde lo esperaban otros auxiliares de la Policía para neutralizar al hombre, que solamente decía que tenía que ir a un hospital.

Mientras el TransMilenio se fue vaciando mis compañeros se fueron sentando, pero todos seguíamos hablando. Mientras contábamos historias y nos reíamos, pude notar la seriedad de la gente y una extraña manera de mirarnos, como unos completos desconocidos. Es más, me atrevería a decir que éramos un centro de atención para los demás pasajeros del bus, pues nos diferenciábamos en muchas formas, sobre todo en esa actitud.

Entrando ya en la recta final del recorrido me di cuenta que la ciudad está pintada por completo con graffitis. Los muros oscuros, grises, cubiertos en su parte baja por pasto y musgo, están superpuestos por pinturas y frases de diferentes colores. Además, me pareció curioso el hecho de que en un punto la calzada de TransMilenio se acaba y se junta con la vía de los carros. No sabía que la cárcel La Picota quedaba allí, justo al lado de un colegio. De igual forma, a los dos lados de la vía, se levantaban casa de invasión que demostraban bastante pobreza, algo que me marcó mucho.

Al llegar al Portal nos reunimos en un círculo para discutir entre todos las diferentes cosas que habíamos observado. Me llamó la atención ver hacia el occidente, en las montañas del fondo, donde se podía ver una extensa invasión de casas pobres, que en realidad asocié con la forma de un pesebre.

Este recorrido me impresionó, ya que me di cuenta de varias cosas: primero, la Bogotá que conocemos muchos se limita hasta el centro, y desde allí hacia el sur hay una infinidad de lugares que siguen siendo la capital. La desigualdad es notoria, y no por nada Bogotá es la ciudad más desigual de Latinoamérica. La pobreza extrema que se ve en algunos lugares, la diferencia estética de la ciudad y todo lo dicho anteriormente me permiten afirmar que estamos en una burbuja, en un círculo del que no salimos y que no nos permite conocer la verdadera imagen de nuestra ciudad.

sábado, 22 de agosto de 2015

El bandoneón de Paquita

Crónica: La primera dama del bandoneón

Documental: Paquita Bernardo, la flor del tango
Duración: 13:23
Autores: G. Zitzer, C. Miranda, M. Sayago, R. Gurevich




La eficacia de una historia se mide de acuerdo a qué tanto logra sumergirnos en ella. Poder estar en ese momento, haya sido hace cinco o hace quinientos años, crea un vínculo más cercano entre el relato y la persona, llámese lector, oyente u observador. En este caso, la unión de la radio y el escrito, del documental radial y la crónica, nos permite ver desde diferentes perspectivas la historia de Paquita Bernardo, la llamada "primera mujer bandoneonista de la historia". 

La crónica, publicada en diciembre de 2010 en el prestigioso diario argentino Clarín, narra la historia de Paquita de una forma cronológica, aunque muy superficial. Se intenta dar a conocer la vida y obra de esta mujer desde el momento en el que decide comprometerse para toda su vida con la música, realizando algunos conciertos en el famoso Café Domínguez, ubicado en la extinta Calle Corrientes en la ciudad de Buenos Aires. Además de esto, algunos pasajes de la vida de Paquita Bernardo son explicados de manera efímera, como el hecho de que sus hermanos Enrique y Arturo fueran sus acompañantes incondicionales en sus largas travesías por distintos puntos de la capital argentina. 

El documental radiofónico, titulado Paquita Bernardo, la flor del tango, es el opuesto total a la crónica, ya que es mucho más detallado, recopilando testimonios para reconstruir los hechos, es más descriptivo con las acciones y con la vida de la protagonista. Al igual que la crónica, este documento de audio narra los hechos de forma cronológica, pero le brinda mucha más información al oyente, datos que son importantes para hacernos la imagen perfecta sobre quién era Paquita Bernardo. La llamada "flor de Villacrespo", como le decían a Paquita, trabajó desde los once años, se interesó por tocar el bandoneón cuando el sexismo todavía se manifestaba, y a la sociedad le parecía un escándalo que una mujer tocara este instrumento y tuviera el pelo corto. 

Si bien no critico a la crónica, creo que pudo haber sido más rica en contenido, se quedó muy superficial en el hecho de la voz de Paquita, mientras que el documental radiofónico supo utilizar todos los recursos a su alcance para lograr el desarrollo de la historia y el objetivo principal: el de informarle a la audiencia la historia de una de las más grandes mujeres en la historia del tango argentino.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Las consecuencias de un cambio

Níger es el ejemplo perfecto de lo que es una crónica, un texto detallado sobre algo en especial. En este caso Martín Caparrós, escritor argentino, es quien cuenta su experiencia personal en un país no muy conocido a nivel mundial - por lo menos para mí -, que presenta una gran cantidad de problemas, aunque lo realiza de una forma metafórica, añadiendo algunos datos de importancia a lo largo del escrito.

"El país más pobre del mundo", "último en el ránking de desarrollo a nivel mundial", "una gran extensión de tierra, casi arena en su totalidad". Estos son algunos de los detalles que nos proporciona Caparrós sobre Níger, un país africano limitante con Nigeria. Es a través de la descripción que el autor nos logra adentrar en un ambiente, un entorno de extrema pobreza, de condiciones precarias, de calor sofocante y de resequedad en sus áridas tierras.

El mal del mundo es el hombre. Este es uno de los puntos en los que más me conecté con el texto, pues hace un paralelo entre el mundo de hace nueve o diez siglos con el actual. Primero, Caparrós afirma que los principales pilares de la sociedad humana eran la cacería y la siembra, pero que las invenciones modernas fueron las causantes del deterioro del planeta y de los mismos ideales de la raza. Si había un designio de un dios, que el hombre aceptara su sumisión a la naturaleza, el hombre se encargó de romper ese vínculo con ese ser supremo, con esa idea de ser inferior y creerse ahora superior a todo. Se creó un mundo egocéntrico, una sociedad convertida para las necesidades del hombre, con una gran cantidad de desigualdades.

Retomando los datos del país, el autor expone algunas cifras importantes: existen aproximadamente ocho hijos por madre, tiene una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo, solamente hay clase alta o baja, y no hay servicio de luz pública. 

Sin duda alguna, Níger invita al lector a tener una conversación con el texto, una cercana armonía que se vuelve agridulce al momento de leer los datos mencionados y, en general, muchos más que dejan una sensación no del todo placentera. La crónica es para escribirla al detalle, para mantener cautivado a la persona que la lee, y en eso Martín Caparrós logra el principal objetivo: informar y captar toda la atención del lector.