domingo, 30 de agosto de 2015

Una construcción a partir de detalles

La construcción de memoria permite tener elementos generadores de sentimientos y de vivencias para cada persona. Realizar este relato mediante el documental puede generar una mayor sensibilidad, un mayor acercamiento entre el espectador y el tema, y sobre todo, un profundo conocimiento sobre lo que queremos dar a entender. A partir de dos documentales, Aquí se nace y Carlos Ramírez, voy a intentar explicar la forma en la que memoria y documental se enlazan y forman una alianza que es inquebrantable.

Un tema central debe ser el primer elemento para empezar a ejecutar el documental. Escogerlo adecuadamente es la pieza fundamental en el ejercicio de construir un buen producto. El personaje o personajes que intervienen en el documento deben mostrar, de la manera más oportuna, la problemática o los hechos que deseamos mostrar. Pero es la sensibilidad la que, a mi modo de ver, permite crear la alianza entre memoria y documental. Una reconstrucción de hechos, un relato de vivencias personales, y una perspectiva íntima del tema son esenciales en estos productos. El documental Aquí se nace es el ejemplo perfecto de lo dicho anteriormente. La historia del tío Álvaro, quien es el personaje principal de la historia, permite construir una memoria, un relato de alguien que ya no está vivo.

La tragedia natural que ocurrió en Armero el 13 de noviembre de 1985, cuando un mar de lava sepultó este pueblo, dejó más de 20 mil personas muertas. Álvaro fue uno de los fallecidos. La construcción de memoria que hace el documental no se centra totalmente en el desastre, más bien parece ser un homenaje póstumo que la familia le hace a su ser querido, veinte años después de su muerte. Hay detalles que pueden ser mínimos, pero que permiten describir facetas muy importantes de un personaje. En este caso, familiares y amigos son los que reconstruyen los hechos, las costumbres y las formas de actuar, reconstruyen al hombre, a Álvaro. Cómo era, cómo hablaba, la forma en la que fumaba, qué importancia tenía sobre la familia, entre muchos otros detalles, incluida su decisión de ir a Armero en la tarde de ese 13 de noviembre, son elementos recopilados que permiten construir la memoria en el documental.

Por otra parte, el documental Carlos Ramírez no muestra a una figura importante de la radio, a un locutor de una emisora o a un gran empresario, sino que muestra a un productor que es relevante con su bajo perfil. La construcción de memoria se da, al igual que en el anterior documental, a partir de las diferentes vivencias y hechos importantes en la vida de Carlos, además de testimonios de personas cercanas que compartieron labores con él. Cómo llegó a algunas emisoras, el contenido de las mismas, y sus posteriores estudios para terminar de apropiar el debido conocimiento, permitieron darle a conocer al público quién es Carlos Ramírez.

Es de esta forma, mediante detalles, imágenes, grabaciones y testimonios, mediante la cual el documental y la memoria histórica se juntan, se convierten en un complemento, en un enlace que, utilizado de la mejor forma, puede ofrecernos a los espectadores el mejor producto posible.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Las dos caras de Bogotá

La cita era a las 11 de la mañana en la entrada sur de la estación de TransMilenio de la Calle 45. Desde el primer vagón de esta concurrida estación abordaríamos el bus D20, un biarticulado que nos llevaría hasta nuestro destino, el Portal de Usme. Miré, en la parte de arriba de la puerta, el recorrido que realizaríamos hasta aquel lugar. En total eran ocho estaciones: Profamilia, Calle 26, Calle 19, Avenida Jiménez, Calle 40 Sur, Santa Lucía, Molinos, y, finalmente, el Portal Usme. Llegó el bus casi a las once y media de la mañana y pude empezar a ver las dos caras de Bogotá.

Es normal sentir inseguridad en los vehículos de servicio público de la ciudad, ya que todos los días vemos en los periódicos y en los noticieros casos de atracos a mano armada, y esto es un sentimiento que se ha apoderado de la mayoría de bogotanos. En el trayecto dentro del bus, camino a Usme, pude observar varias cosas que me llamaron mucho la atención. En primer lugar, pude notar cómo Bogotá se va volviendo más oscura a medida que nos adentrábamos en el sur de la ciudad. Si bien vemos de forma diaria un cielo gris, ese día, de manera particular, lo vi mucho más oscuro con el pasar de las cuadras. Algo que me llamó mucho la atención fueron las edificaciones y su estructura. Desde siempre me ha parecido que la ciudad cambia mucho desde la estación de Héroes hacia el norte, ya que se ve mucho más moderna, con edificios más altos, más nuevos. En este trayecto observé que las casas y los edificios eran viejos, en su mayoría de poca altura - como casi todo Bogotá - y con colores muy oscuros, como gris, negro y café. Pero volvamos al inicio del recorrido...

Al abordar el bus, me sorprendió ver la cantidad de gente que se subió en éste. El grupo de estudiantes que entramos al TransMilenio nos dividimos, quedando la mitad en el vagón delantero y la otra mitad - incluido yo - en el vagón del medio. En cada una de las paradas que realizaba el bus pude notar cómo iba cambiando la gente, su forma de vestir, sus actitudes, su forma de mirar, que era más fría de lo normal.

Como en todo transporte público colombiano, una persona se subió al bus para tratar de conseguir algo de dinero para el día. En este caso, un hombre que rapeaba amenizó - o no - el viaje de los pasajeros. Con ropas anchas, el sujeto se enfureció al no encontrar respuesta a su saludo por parte de una gran cantidad de los pasajeros que viajaban en el biarticulado. Después de este suceso, el joven empezó a cantar una de sus canciones, con la temática social destinada a la búsqueda de la paz en el país. Acto seguido, puso en su parlante un beat con el cual empezó a improvisar frases hacia cada uno de los pasajeros.

Debieron pasar unos cinco minutos desde que el rapero terminó su función cuando, en un abrir y cerrar de ojos, un policía pasó justo enfrente nuestro y dirigiéndose hacia la parte de atrás del bus. La curiosidad me invadió, por lo que observé que hablaba de forma alevosa con un hombre, al que agarró del cuello de su camiseta y lo condujo hasta una de las puertas de salida. Pude notar que el hombre estaba sangrando en su brazo izquierda, y al parecer era acusado de robo. Debo decir que tuve un poco de miedo al ver esto, pues nunca me había tocado presenciar tal situación tan cerca, y esta sensación se incrementaría cuando, al lado de la puerta en la que estábamos, un hombre dejó caer de su bolsillo un juego de navajas que guardó rápidamente para que nadie lo viera. Finalizando este confuso capítulo, el policía y el presunto ladrón se bajaron en la estación más cercana, en donde lo esperaban otros auxiliares de la Policía para neutralizar al hombre, que solamente decía que tenía que ir a un hospital.

Mientras el TransMilenio se fue vaciando mis compañeros se fueron sentando, pero todos seguíamos hablando. Mientras contábamos historias y nos reíamos, pude notar la seriedad de la gente y una extraña manera de mirarnos, como unos completos desconocidos. Es más, me atrevería a decir que éramos un centro de atención para los demás pasajeros del bus, pues nos diferenciábamos en muchas formas, sobre todo en esa actitud.

Entrando ya en la recta final del recorrido me di cuenta que la ciudad está pintada por completo con graffitis. Los muros oscuros, grises, cubiertos en su parte baja por pasto y musgo, están superpuestos por pinturas y frases de diferentes colores. Además, me pareció curioso el hecho de que en un punto la calzada de TransMilenio se acaba y se junta con la vía de los carros. No sabía que la cárcel La Picota quedaba allí, justo al lado de un colegio. De igual forma, a los dos lados de la vía, se levantaban casa de invasión que demostraban bastante pobreza, algo que me marcó mucho.

Al llegar al Portal nos reunimos en un círculo para discutir entre todos las diferentes cosas que habíamos observado. Me llamó la atención ver hacia el occidente, en las montañas del fondo, donde se podía ver una extensa invasión de casas pobres, que en realidad asocié con la forma de un pesebre.

Este recorrido me impresionó, ya que me di cuenta de varias cosas: primero, la Bogotá que conocemos muchos se limita hasta el centro, y desde allí hacia el sur hay una infinidad de lugares que siguen siendo la capital. La desigualdad es notoria, y no por nada Bogotá es la ciudad más desigual de Latinoamérica. La pobreza extrema que se ve en algunos lugares, la diferencia estética de la ciudad y todo lo dicho anteriormente me permiten afirmar que estamos en una burbuja, en un círculo del que no salimos y que no nos permite conocer la verdadera imagen de nuestra ciudad.

sábado, 22 de agosto de 2015

El bandoneón de Paquita

Crónica: La primera dama del bandoneón

Documental: Paquita Bernardo, la flor del tango
Duración: 13:23
Autores: G. Zitzer, C. Miranda, M. Sayago, R. Gurevich




La eficacia de una historia se mide de acuerdo a qué tanto logra sumergirnos en ella. Poder estar en ese momento, haya sido hace cinco o hace quinientos años, crea un vínculo más cercano entre el relato y la persona, llámese lector, oyente u observador. En este caso, la unión de la radio y el escrito, del documental radial y la crónica, nos permite ver desde diferentes perspectivas la historia de Paquita Bernardo, la llamada "primera mujer bandoneonista de la historia". 

La crónica, publicada en diciembre de 2010 en el prestigioso diario argentino Clarín, narra la historia de Paquita de una forma cronológica, aunque muy superficial. Se intenta dar a conocer la vida y obra de esta mujer desde el momento en el que decide comprometerse para toda su vida con la música, realizando algunos conciertos en el famoso Café Domínguez, ubicado en la extinta Calle Corrientes en la ciudad de Buenos Aires. Además de esto, algunos pasajes de la vida de Paquita Bernardo son explicados de manera efímera, como el hecho de que sus hermanos Enrique y Arturo fueran sus acompañantes incondicionales en sus largas travesías por distintos puntos de la capital argentina. 

El documental radiofónico, titulado Paquita Bernardo, la flor del tango, es el opuesto total a la crónica, ya que es mucho más detallado, recopilando testimonios para reconstruir los hechos, es más descriptivo con las acciones y con la vida de la protagonista. Al igual que la crónica, este documento de audio narra los hechos de forma cronológica, pero le brinda mucha más información al oyente, datos que son importantes para hacernos la imagen perfecta sobre quién era Paquita Bernardo. La llamada "flor de Villacrespo", como le decían a Paquita, trabajó desde los once años, se interesó por tocar el bandoneón cuando el sexismo todavía se manifestaba, y a la sociedad le parecía un escándalo que una mujer tocara este instrumento y tuviera el pelo corto. 

Si bien no critico a la crónica, creo que pudo haber sido más rica en contenido, se quedó muy superficial en el hecho de la voz de Paquita, mientras que el documental radiofónico supo utilizar todos los recursos a su alcance para lograr el desarrollo de la historia y el objetivo principal: el de informarle a la audiencia la historia de una de las más grandes mujeres en la historia del tango argentino.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Las consecuencias de un cambio

Níger es el ejemplo perfecto de lo que es una crónica, un texto detallado sobre algo en especial. En este caso Martín Caparrós, escritor argentino, es quien cuenta su experiencia personal en un país no muy conocido a nivel mundial - por lo menos para mí -, que presenta una gran cantidad de problemas, aunque lo realiza de una forma metafórica, añadiendo algunos datos de importancia a lo largo del escrito.

"El país más pobre del mundo", "último en el ránking de desarrollo a nivel mundial", "una gran extensión de tierra, casi arena en su totalidad". Estos son algunos de los detalles que nos proporciona Caparrós sobre Níger, un país africano limitante con Nigeria. Es a través de la descripción que el autor nos logra adentrar en un ambiente, un entorno de extrema pobreza, de condiciones precarias, de calor sofocante y de resequedad en sus áridas tierras.

El mal del mundo es el hombre. Este es uno de los puntos en los que más me conecté con el texto, pues hace un paralelo entre el mundo de hace nueve o diez siglos con el actual. Primero, Caparrós afirma que los principales pilares de la sociedad humana eran la cacería y la siembra, pero que las invenciones modernas fueron las causantes del deterioro del planeta y de los mismos ideales de la raza. Si había un designio de un dios, que el hombre aceptara su sumisión a la naturaleza, el hombre se encargó de romper ese vínculo con ese ser supremo, con esa idea de ser inferior y creerse ahora superior a todo. Se creó un mundo egocéntrico, una sociedad convertida para las necesidades del hombre, con una gran cantidad de desigualdades.

Retomando los datos del país, el autor expone algunas cifras importantes: existen aproximadamente ocho hijos por madre, tiene una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo, solamente hay clase alta o baja, y no hay servicio de luz pública. 

Sin duda alguna, Níger invita al lector a tener una conversación con el texto, una cercana armonía que se vuelve agridulce al momento de leer los datos mencionados y, en general, muchos más que dejan una sensación no del todo placentera. La crónica es para escribirla al detalle, para mantener cautivado a la persona que la lee, y en eso Martín Caparrós logra el principal objetivo: informar y captar toda la atención del lector.

sábado, 8 de agosto de 2015

Prohibido mirar, hay que observar

Durante unos veinte minutos estuvimos parados en la Avenida 39 con Carrera Séptima, en la esquina del costado nororiental. Nos detuvimos a observar qué ocurría en ese lapso de tiempo, y vimos, entre lo cotidiano, varias cosas que normalmente no notamos cuando caminamos o circulamos por Bogotá, y en este caso, por este importante punto de la ciudad.

El día era bastante oscuro, el acostumbrado cielo oscuro de la capital colombiana se asomaba, dejando pasar algunos pocos rayos de sol. Observamos dos ambulancias que pasaron por la Séptima de sur a norte con sus sirenas encendidas. De igual forma, un bus del INPEC con vidrios blindados pasó de oriente a occidente por la Avenida 39, justo en la cuadra del Río Arzobispo, también con su sirena en funcionamiento a una alta velocidad.

Una de las cosas que mayor curiosidad me causó observar fue un altar que se encuentra en un gran pedazo de prado verde antes de llegar al Centro Ático, unos veinte metros atrás. La Virgen del Carmen, que es la "patrona" de los conductores, se encuentra dentro de esta pequeña construcción hecha en piedra gris, y a su alrededor unas cuantas bombas de color celeste y blanco - el mismo de su manto - adornan el altar.

Algunas personas me causaron mucha curiosidad. Pasaron estudiantes, ejecutivos, vendedores ambulantes, personas haciendo deporte, entre muchos otros. Justo detrás mío, ubicado en una banca, se encontraba un señor de mediana edad que intimidaba por su actitud, pues parecía asustado y miraba a cada persona que pasaba a su lado directamente a los ojos, sin dejar de mover la cabeza.

Muchos árboles con una tonalidad verde oscura, un cielo nublado en su mayoría, una gran cantidad de carros, gente desapercibida, en resumen, observamos lo que es un espacio común de la gris Bogotá.

La nueva migración

¿Es mala la migración? ¿A qué se debe que las personas se vayan de sus países de origen? ¿Cómo es la situación de los migrantes? Estas son algunas de las muchas preguntas que aparecen y que inquietan a la ciudadanía. El documental Voces de la migración, realizado por estudiantes de la carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana, busca responder a estas cuestiones a partir de lo que más puede llamar la atención del oyente: los testimonios de testigos directos y de los protagonistas de esta nueva ola migratoria que se da en Colombia.

Este documental se centra en la situación de algunos migrantes colombianos en Irlanda, un país pequeño y muy diferente a Colombia, que ha sido destino de muchos ciudadanos para darle un nuevo destino a sus vidas. Se dice que alrededor de cinco millones y medio de ciudadanos colombianos están fuera del país, distribuidos entre países norteamericanos y europeos como Estados Unidos, Canadá y España. 

"Soy de muchos lugares", "siempre migramos", "no hay retorno después de salir", "nunca volveré al mismo lugar, pues todo cambia constantemente". Estas son algunas de las opiniones que da María Margarita Echeverry, directora de esta tesis, y que fortalecen la idea de que la migración no es algo del todo malo actualmente. Migración, entendida como el movimiento de personas a través de fronteras, puede ser un concepto fuerte en el siglo XXI. Existen diferentes formas, voluntarias, forzadas, internas, económicas o por amor, entre muchas otras. 

Centrándonos en el caso colombiano, desde 1960 se ha desarrollado una "política" ciudadana - si se puede llamar así - de migración. ¿Qué puede haber causado el movimiento de colombianos de su propio país hacia otros destinos? La violencia armada, la falta de oportunidades laborales o la mala situación económica desde la década de los noventa. Este último hecho, debido a la caída del PIB colombiano en 1999, hizo que alrededor de cuatro millones de personas perdieran sus empleos y decidieran emigrar a otros países buscando una mejor situación monetaria.

Si se es migrante se deben dejar muchas cosas de lado, como la familia, las tradiciones, las costumbres, la cotidianidad colombiana. En el caso de los colombianos en Irlanda, el principal problema que manifestaron a la hora de ser migrantes es el idioma, pues como sabemos el inglés no es el mismo en todos los países que hablan esta lengua, puede ser más enredado en algunos lugares, en especial con los británicos y los australianos.

Los colombianos migrantes establecidos actualmente en Irlanda manifiestan que viven pendientes de todo lo que ocurre en el país, aunque algunos estudiantes que han viajado por gusto propio afirman que no extrañan estar en Colombia, pues la inseguridad es grande comparada con Europa, además de no tener problema alguno con la comida o el clima. "Tener pasaporte colombiano es una cruz", afirma una de las voces migrantes. La percepción de Colombia en el exterior, si bien ha mejorado bastante en los últimos años, sigue siendo la de la negra década de los ochenta, el estereotipo guerrillero y narcotraficante. Y no es solamente por parte de los irlandeses, entre los mismos colombianos hay una cierta desconfianza, poca solidaridad, como si se quisiera dejar de lado el hecho de haber nacido en el país.

Como conclusión, a partir de escuchar las tres partes de este documental se puede llegar a afirmar que Colombia es un país migratorio, pero que esto no necesariamente es malo en términos generales. Si bien el conflicto se ha transnacionalizado, y varias de las migraciones se han dado forzadamente, muchos de los migrantes lo hacen por gusto, por la idea de estudiar, explorar y conocer otras culturas diferentes a la propia, aunque eso signifique un giro de 180 grados para sus vidas.   

miércoles, 5 de agosto de 2015

¿Quién soy?

Soy Andrés Felipe Rodríguez Maldonado, tengo 19 años y actualmente estudio Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana, realizando doble énfasis en los campos de radio y periodismo.

Una de las cosas más difíciles para mí es escribir sobre mí. Pero lo voy a intentar.

Apasionado por la música y los deportes, diría que estas son las dos cosas que más disfruto en mi vida. Mientras tenga un par de audífonos puestos o esté viendo algún partido, me desconecto del mundo por un largo rato.

Distintos géneros, viejos o nuevos, están presentes siempre en mi biblioteca musical. Y les quiero contar algo en lo que creo que van a estar de acuerdo conmigo: no hay ninguna experiencia que se compare, ni siquiera que se acerque, a ver y escuchar a su banda favorita en vivo.

Igual, diciendo solamente "banda favorita" me estaría cerrando a un sólo ámbito: ERROR. La música va más allá de un género, una banda o un artista en específico. La música es un mundo aparte, un árbol repleto de infinitas ramas que jamás dejan de crecer y nunca se estancan.

Me considero, con lo poco que conozco, un ignorante musical, una persona que desconoce la infinidad de campos, géneros y artistas que hay: clásicos o emergentes, hay tantos que me sería imposible poder descubrirlos a todos. De todas formas, me siento feliz de ser un ignorante y un desconocido de la música, porque así tendré toda una vida para descubrir mucho de lo mejor que hay en el mundo.