Durante unos veinte minutos estuvimos parados en la Avenida 39 con Carrera Séptima, en la esquina del costado nororiental. Nos detuvimos a observar qué ocurría en ese lapso de tiempo, y vimos, entre lo cotidiano, varias cosas que normalmente no notamos cuando caminamos o circulamos por Bogotá, y en este caso, por este importante punto de la ciudad.
El día era bastante oscuro, el acostumbrado cielo oscuro de la capital colombiana se asomaba, dejando pasar algunos pocos rayos de sol. Observamos dos ambulancias que pasaron por la Séptima de sur a norte con sus sirenas encendidas. De igual forma, un bus del INPEC con vidrios blindados pasó de oriente a occidente por la Avenida 39, justo en la cuadra del Río Arzobispo, también con su sirena en funcionamiento a una alta velocidad.
Una de las cosas que mayor curiosidad me causó observar fue un altar que se encuentra en un gran pedazo de prado verde antes de llegar al Centro Ático, unos veinte metros atrás. La Virgen del Carmen, que es la "patrona" de los conductores, se encuentra dentro de esta pequeña construcción hecha en piedra gris, y a su alrededor unas cuantas bombas de color celeste y blanco - el mismo de su manto - adornan el altar.
Algunas personas me causaron mucha curiosidad. Pasaron estudiantes, ejecutivos, vendedores ambulantes, personas haciendo deporte, entre muchos otros. Justo detrás mío, ubicado en una banca, se encontraba un señor de mediana edad que intimidaba por su actitud, pues parecía asustado y miraba a cada persona que pasaba a su lado directamente a los ojos, sin dejar de mover la cabeza.
Muchos árboles con una tonalidad verde oscura, un cielo nublado en su mayoría, una gran cantidad de carros, gente desapercibida, en resumen, observamos lo que es un espacio común de la gris Bogotá.
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